No hay un modelo exclusivo” – entrevista a Alvaro García Linera

El mundo|Domingo, 7 de octubre de 2012
REPORTAJE A ALVARO GARCIA LINERA, VICEPRESIDENTE BOLIVIANO

“No hay un modelo exclusivo”

A horas de las elecciones venezolanas, y en una corta visita a Argentina, dialogó con Página/12 sobre la región y lo que llamó “tensiones creativas del proceso revolucionario”.

Por Martín Granovsky
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Matemático de formación original, investigador en ciencias sociales, Alvaro García Linera es el vicepresidente de Evo Morales y su mano derecha en la conducción del actual proyecto político boliviano.

–A las puertas de las elecciones presidenciales en Venezuela, ¿hay un proyecto común en Sudamérica?

–Lo interesante es que nuestros procesos no amarran a un modelo exclusivo. Son búsquedas plurales con velocidades y densidades diferenciadas para desmontar la maquinaria neoliberal que acumuló expropiando lo público. Respeto lo que pueden hacer la Argentina, Ecuador, Venezuela… En Bolivia trabajamos a partir de nuestras posibilidades materiales, de nuestra realidad. Inicialmente cada proceso era un hilo de agua. Ahora se juntan unos con otros y forman un torrente que converge.

–A corto plazo, ¿cómo se construye la vía democrática al socialismo que ustedes vienen pregonando?

–Pensemos en el potenciamiento del Estado, que ha logrado conservar recursos económicos, ámbitos de intervención en la economía, y pensemos en la comunidad. Conversión de propiedad del Estado en propiedad pública: la clave es el reforzamiento de lo común, la participación directa de la gente en la toma de decisiones. Es imposible imaginar sin esto que lo estatal devenga en público y sea rebasado, como queremos, por lo común. Hablo desde el concepto de Antonio Gramsci del Estado integral. Cómo hacen el indígena, el transportista, el campesino, para intervenir en la decisión de qué se hace con el excedente, con la propiedad, con los minerales, con el agua. La sola propiedad estatal no es socialismo. Es una buena herramienta para centralizar, para controlar, para registrar.

–¿Y la gestión concreta?

–Se me viene a la mente el concepto de Michel Foucault de gobernanza. Solución flexible y negociada de estructuras estatales y no estatales, sin centro a veces. Fijémonos en el sector minero. Está el recurso y hay buenos precios. ¿Cómo se tomaba antes una decisión? Sin conflictos, porque no había mineros, no había cooperativistas, no había industriales. El Banco Mundial, la empresa, el presidente y seguramente la embajada resolvían sin democracia la suerte del mineral, y no se beneficiaban ni Bolivia ni el empresario. Hoy los trabajadores quieren más ingresos y más asalariados. El Estado quiere que el excedente sea redistribuido entre todos. Los cooperativistas, artesanos de la minería, dicen que ni todo para los asalariados ni todo para el Estado. Tienes que articular. En lenguaje plebeyo es paro, la marcha, la amenaza, la reconciliación. Y sale una solución más complicada, más conflictiva, más riesgosa, pero es el pueblo decidiendo sobre un recurso común.

–¿En qué punto de esa síntesis está Bolivia?

–En la primera época se contraponían dos proyectos de economía, de Estado y de sociedad. Como en una estrategia de guerra de posiciones, había dos bloques, hasta territorialmente divididos, y dos proyectos de sociedad. Eso se acaba después del intento violento de golpe de Estado, del magnicidio frustrado y de la derrota política y moral de los conservadores. Seguramente se modificará de acá a un lustro, una década, pero hoy hay un solo horizonte de época, incluso para los opositores, que se imaginan el porvenir en torno de este escenario. Entonces las tensiones surgen no desde la oposición, sino desde el usufructo al interior del proyecto hegemónico, y en el ciclo de expansión más importante de Bolivia en los últimos 50 o 60 años. Hemos reducido la desocupación al 2 por ciento en un país golpeado y muy pobre. La internalización de la riqueza está generando reducción de pobreza y gradual bienestar de la población. Son siempre cifras modestas, pero significativas para nosotros los bolivianos. En este marco el Estado debe velar para que el excedente tenga carácter universal y no corporativo.

–¿No se da la paradoja de un movimiento indígena que al triunfar, porque llegó a controlar el Estado, también pierde fuerza como tal?

–Mi hermano, ésas son tensiones creativas del proceso revolucionario. Pasó con los mineros. Algunos nos pedían intervención militar. Los conflictos, aunque tardemos un mes o seis meses, aunque hasta haya dinamitadas, deben resolverse democráticamente. Lo mismo con el petróleo. Y así será con la electricidad. Las sociedades revolucionarias no les pueden temer al conflicto y al disenso. Es más complicado y riesgoso, pero es la forma de mantener más viva la democracia.

–¿No asusta ese conflicto a sectores empresarios nacionales que el gobierno boliviano quiere cerca?

–Hay reglas del juego. El Estado va a intervenir en ciertas áreas: hidrocarburos, energía eléctrica, parte en minería y sectores claves de industrialización de minería y de hidrocarburos. Y ya. Acordó las áreas de participación de actividad privada nacional y extranjera. El sector privado se beneficia si el excedente generado en el país se internaliza. Puede ofrecer servicios, mejorar sus inversiones, acceder a contratos del Estado. Hay momentos en que se cruza el interés del empresario con el del trabajador. Entre el empresario extranjero y el trabajador, el Estado opta por el trabajador. Cuando el conflicto se da entre trabajador y empresario boliviano, buscamos mecanismos de diálogo para distribuir áreas o conciliar entre los intereses de ambos.

–¿Cómo juega para Bolivia la clave sudamericana?

–Nunca habíamos vivido un momento tan excepcional de construcción de una base material de integración. En los últimos diez años el comercio intrarregional casi se duplicó. Bolivia, no sólo en gas, sino en productos manufacturados, vende a América latina el 50 por ciento de sus exportaciones: madera, gas, soja… Brasil y Argentina cooperan en la producción automovilística, ¿no? Cada uno de nuestros países ha tomado con mayor o menor radicalidad planes posneoliberales. No sólo hay gobiernos progresistas y revolucionarios como nunca en la historia pasada. Sus medidas aminoran los efectos de la crisis sobre la región, que crecerá este año a una tasa de entre 3 y 5 por ciento mientras el mundo desarrollado llegará en el mejor de los casos al 1 o 2 por ciento. Tienes Celac, Unasur, Alba, como iniciativas de construcción común. Dejamos de vernos con ilusiones en Europa, cuando el premio era llevar a sus hijos allí. Hoy cambia incluso el ideario de lo deseable para la clase media.

–Universitarios argentinos de vacaciones en Bolivia.

–Cuando el presidente sale del Palacio le gritan para la foto: “¡Evo, de Argentina!”. Es un momento excepcional. La sociedad es la que nos empuja. El Estado debe saber mantener el horizonte de lo universal. Pero la sociedad te da un empujón, te da un sopapo. No hay otra manera de avanzar. El Estado no puede suplir a la sociedad.

–¿Cómo quiere hacerlo este Estado boliviano?

–Esa es una de las bellas riquezas contradictorias de un proceso revolucionario. El presidente lo explicaba bien bonito. Antes, el sindicato era Estado. Antes el Estado no te daba nada y te quitaba todo. Aparecía para matarte. Incursionaba, te saqueaba, te destruía y luego se replegaba. Quedaba el sindicato. No tengo escuela. Está el sindicato. No tengo camino. Vamos con el sindicato a hacer camino, una senda y piedras encima. Se ha muerto el compañero y ha dejado cinco huérfanos. Los compañeros aportan el ataúd y cuidan de sus hijos. En el agro y en los barrios populares la escasez se supera de manera común a partir de la asociatividad. Luego viene este proceso revolucionario. Nacionalizamos, se incrementa el excedente y construimos escuelas, colocamos el césped en una cancha, el yerbero atiende el parto, pero viene la posta sanitaria… El sindicato debe replantearse qué hace. Se moviliza para pedir al Estado el cumplimiento de la satisfacción de las necesidades básicas. O sea: se debilita el movimiento social por aumento del Estado social. Entonces debatimos con los compañeros el tema. El sindicato debe construir poder económico local o regional, en la elaboración de los recursos.

–¿Poder económico incluye participar de la gestión?

–Que el sindicato conduzca en lo estatal y en lo privado. Luego de la discusión sobre el excedente, en la gestión de la economía es al fin y al cabo donde va a definirse el socialismo hacia el futuro. Hay experiencias positivas y negativas. En la zona aymara, cerca del lago, los compañeros trabajan la tierra, tienen sus vaquitas y siempre vendieron la leche a la empresa transnacional. Quieren que no los exploten y que puedan coronar sus esfuerzos formando una pequeña empresa de elaboración de leche que sea distribuida en la escuela donde van sus niños en el pueblo donde gobierna el alcalde que eligieron. Es un bucle. Bien. En el Chapare pusieron una fábrica y no funcionó. Tuvieron la voluntad de construir el poder económico, pero conocieron los límites de gestionar comunitariamente la economía. Hay comunitarismo para el agua y para las tierras de pastoreo, pero nos cuesta el comunitarismo para el procesamiento. Todavía hay un límite que debemos aprender a superar. Te doy otro ejemplo: Huanuni. Una mina con cinco mil obreros. Formalmente el gobierno nombra al gerente, pero realmente la gestión es el sindicato. Ellos definen gerencias, inversiones, salarios, intensificación o reducción del trabajo. Propiedad estatal y gestión obrera. Es la experiencia más avanzada y a la vez tiene un límite que te muestra hasta dónde puedes avanzar en la gestión de lo comunista. El excedente generado no se universaliza. Tienes compañeros mineros que ganan 50 mil bolivianos, 10 mil dólares. El presidente gana 1500 dólares. Sólo el 10 por ciento del excedente pasa al Estado. La victoria es la autogestión obrera. El límite, la no universalización del excedente.

–¿Qué es lo comunista?

–La comunitarización de la producción. La autogestión tiende a corporativizar los recursos generados. El objetivo es universalizar los recursos generados. Y no tienes libros para estas tensiones. No las reflexionó Lenin.

–¿Cuál es la importancia de la figura de Evo en este proceso?

–El derrumbe del viejo sistema de partidos se da por la emergencia de lo popular. Supongo que por la dinámica de la crisis, cuando se derrumban los mecanismos de adhesión del gobernado al gobernante, surge la necesidad de nuevos dirigentes. No hay una predestinación de Evo. Pero está claro que estuvo en el momento preciso y en las circunstancias precisas en que la sociedad corporiza lo que está haciendo y lo que emerge. Campesino, luchador, antiimperialista, indígena, aglutinador… Cada sublevado puede decir en Evo “ése soy yo”.

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