Democracia de opinión o democracia de los públicos

24/7/2006

El 15 de julio pasado, José Vidal-Beneyto catedrático de Sociología de la Universidad Complutense, publicó una nota de opinión titulada “La democracia de opinión y Ségolène Royal”, en el diario EL PAÍS de Madrid. En ella brinda un interesante análisis de la evolución de la democracia en tanto modalidad representativa, desde 1835 hasta nuestros días. En la actualidad, dado el descrédito que lamentablemente circunda la vida política, el hiperindividualismo en el que vivimos, y la enorme influencia de los medios de comunicación, dice el autor, estamos frente a una “Democracia de Opinión” o “una Democracia de los públicos”. Ségolène Royal es una de las candidatas presidenciables del Partido Socialista en Francia y, para Vidal-Beneyto, expresa esta nueva forma de democracia. Le dejo unos párrafos y recomiendo la lectura de la nota.
Sostiene Vidal-Beneyto:

La democracia, esa forma de organización política que hemos sacralizado y que parece no tener ni alternativa ni más allá, es, en su modalidad representativa, de aparición reciente: menos de 200 años. Recordemos que hubo que esperar hasta que Tocqueville la dotase en 1835 de legitimidad académico-institucional y hasta que la Revolución de 1848 generalizase su uso, para que la designación quedase acuñada de manera definitiva. La representación, que es el eje central de esta versión de lo democrático, se funda en la relación personal que se establece entre los electores y los elegidos, de tal modo que el Parlamento al que se destinan se convierte en una cámara de mandatarios genéricos, casi un club de iguales con sus mandantes, que no se sienten ligados por ningún compromiso concreto, por ningún mandato específico con ellos, con la salvedad de la obligación que crea la confianza. (…)

La generalización de la lucha de clases y el advenimiento de la sociedad de masa reclama una instancia, un instrumento que actúe como intermediario entre ese todos indiferenciado y el protagonismo de unos pocos. La función recae en los partidos y los constituye en actores principales del proceso electoral, tanto para la selección de los candidatos, y para la organización de su estructura de apoyo, en especial la financiación, como para el ejercicio de la práctica electiva. Todo el poder queda, en consecuencia, en manos de los partidos, que imponen de forma absoluta a sus diputados la promoción y defensa de su programa y les dictan cuándo y cómo hay que votar. Con lo que la democracia de representación se transforma en democracia de partidos. (…)

Para Vidal Beneyto la “tendencia a la personalización del poder y de la vida pública” y la “escasa capacidad diferencial de las ideologías” traen como consecuencia:

una plena disponibilidad del votante, reducido a sí mismo y directamente sometido a las solicitaciones y a los estímulos de su contexto confinado en su sola reacción a cada tema, sin otros imperativos ni intermediarios que su opinión personal. (…) es el fin de la omnipotencia de la democracia de partidos e irrupción de la Democracia, que algunos -Alain Minc es en L’ivresse démocratique uno de sus más activos promotores- llaman de Opinión y que, tal vez, como propone Bernard Marin en Principes du Gouvernement représentatif, convendría calificar más adecuadamente como Democracia del público, yo diría de los públicos. (…)

Expresa también el autor:

• El viejo populismo encuentra en la democracia de opinión un terreno particularmente propicio para implantarse y prosperar, aunque ahora asumiendo nuevas formas y buscando transformar un designio central incumplido, una frustración mayor colectiva en un proyecto de afirmación general, de cumplimiento común. Sólo necesita que alguien levante la bandera. La América Latina de estos momentos nos ofrece abundantes ejemplos de este populismo de opinión, que cabría presentar como una forma nueva de democracia directa.
• Claro está que la democracia de opinión coexiste con la democracia de partidos, y que las elecciones, tanto locales como regionales y nacionales, incluyendo las presidenciales allí donde existen, se configuran y realizan todavía como hemos apuntado anteriormente, de acuerdo con la lógica partidaria. (…) estamos entrando en otros modos de la política.

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