Ryzsard Kapuściński y el cambio profundo en la profesión de periodista


Hoy recordé este pasaje en el que R.K. reflexiona sobre ciertos cambios de paradigmas en el oficio de periodista que, hoy en día, son flagrantes. Kapuściński definió, años atrás, a los periodistas como “media workers”, trabajadores de los medios masivos, que muchas veces penan por conciliar su trabajo con la responsabilidad inherente a su profesión.

Aquí va, no sin antes decir que banco el derecho a preguntar, porque es esencial en una democracia. Así como no hay democracia sin igualdad, tampoco la hay sin periodismo. Pero, periodismo no es lo mismo que comunicación al servicio de intereses, en diversos sectores de la economía, de las corporaciones mediáticas que buscan maximizar beneficios. Es lo que hacen con las noticias transformadas en mercancías y los resultados están a la vista. Es por eso, y para eso, que han invertido en medios de comunicación y no precisamente para contribuir con la verdad a los cimientos de la democracia. No digo que esté mal porque la esencia de una compañía comercial es el lucro. Digo que veamos el bosque, sobre todo cuando algunos están señalando solo el árbol de la entrada. Digo que no es un dato menor. Es un dato esencial a la hora del análisis, de los reclamos y de pensar las reglas de juego del tablero actual.

Por eso no banco a los periodistas disfrazados de tales que, además, a esta altura, todos/as lo sabemos, (habrá quienes quieran mirar para otro lado, es su derecho) se erigen en mártires de la nada y en abogados/as de lo indefendible.

Maestro, lo leeemos y estamos llenos de preguntas pero también conservamos algunas certezas.

Cronología de un cambio profundo en la profesión de periodista

Por R.K.

Hace 50 años este oficio se veía muy diferente a como se percibe hoy: se trataba de una profesión de alto respeto y dignidad, que jugaba un papel intelectual y político. (…) pero eso cambió en los últimos 20 años, a partir de una tremenda transformación en las prácticas de este oficio.

Conviene tener presente que trabajamos con la materia más delicada de este mundo: la gente. Con nuestras palabras, con lo que escribimos sobre ellos podemos destruirles la vida. (…) nuestro criterio ético debe basarse en el respeto a la integridad y la imagen del otro. (…) en general se trata de gente que carece de recursos para defenderse, que no puede hacer nada.

Nuestro oficio comenzó a cambiar como consecuencia de la revolución tecnológica que permitió transmitir la noticia de manera fácil e inmediata. La segunda razón, acaso la más importante es que la noticia se convirtió en un buen negocio. Este acontecimiento tiene suma importancia ya que al descubrimiento del enorme valor económico de la noticia se debe la llegada del gran capital a los medios de comunicación. Normalmente el periodismo se hacía por ambición o por ideales, pero de repente se adviritió que la noticia era negocio, que permiía ganar dinero pronto y en grandes cantidades. Eso cambió totalmente nuestro ambiente de trabajo. Cuando el gran capital llegó a nuestra profesión configuró redes de comunicación masiva que dividieron el campo de la noticia en dos sectores desiguales: los grandes multimedia y los pequeños medios marginados. La dirección de esos grandes multimedia quedó en manos de personas que no venían del periodismo ni se interesaban por esa profesión, sino que la veían como una mera herramienta, un instrumento para obtener ganancias altas y rápidas. (…) existe una brecha entre los dueños y gerentes de los medios y nosotros, los periodistas, porque ellos persiguen otros intereses y objetivos. Hoy al cronista que llega de hacer una cobertura su jefe no le pregunta si la noticia que trae es verdadera, sino si es interesante y si la puede vender. Este es el cambio más profundo en el mundo de los medios: el reemplazo de una ética por otra. Nuestra profesión siempre se basó en la búsqueda de la verdad: el valor de la noticia o del texto era dar cuenta de la verdad. Muchas veces la información funcionó como un arma en la lucha política, por la influencia o por el poder. Pero hoy, tras el ingreso del gran capital a los medios masivos, ese valor fue reemplazado por la búsqueda de lo interesante lo que se puede vender. Por verdadera que sea una información, carecerá de valor si no está en condiciones de interesar a un público que, por otro lado, es crecientemente caprichoso. (…) el problema actual de la comunicación es que la palabra ya no tiene el peso de antes.

Ahora que la información es una mercancía bajo las leyes del Mercado, es decir, destinada a obtener una rentabilidad máxima y apuntar al monopolio, los antiguos héroes del periodismo han sido reemplazados, en buena medida, por un nutrido número de esos anónimos trabajadores de los medios que ya mencionamos. Hoy el soldado de nuestro oficio no investiga en busca de la verdad, sino con el fin de hallar acontecimientos sensacionales que puedan aparecer entre los títulos principales de su  medio.  (…) el periodismo ha dejado de ser una misión y muchas de las personas que trabajan en los medios lo consideran una ocupación como cualquier otra, que bien pueden abandonar para ingresar a una agencia de publicidad o ser corredor de bolsa. (…) en el mundo contemporáneo, tener medios de comunicación significa tener poder. (…) Si antes la prensa tenía por fin reflejar el mundo, ahora los grandes medios se limitan a reflejar su mundo compitiendo entre ellos. Ya no les interesa tanto lo que sucede afuera, sino que los demás medios no se les adelanten, que no publiquen algo que ellos no tienen. (…) Para competir entre sí los medios andan siempre en banda, como resultado de lo cual cada uno mira al otro y ninguno mira al mundo. De ahí que, si en el mundo ocurren varios acontecimientos a la vez, los medios solo cubren un hecho: el que atrae a la manada.

Ese es un problema acuciante de nuestar profesión: a los periodistas se les da muy poco tiempo para juntar la información con que escribirán la noticia o la crónica. Si se quiere hacer las cosas bien, con la profundidad que requiere el ejercicio de esta profesión, hace falta contar con tiempo. (…) he aquí la lucha permanente entre los editores y los reporteros: unos consideran que es suficiente un día de investigación para producir un artículo; los otros sabemos que eso no es posible. (…) el periodista se halla bajo la presión de jefes  que le dicen que si no tiene material de portada, lo sacan. Yo estoy en contra de esa clase de prensa sensacionalista, porque pasa por alto que un periodista es un ciudadano que, como cualquier otro, debe velar por el bien común. No debe movernos solo la responsabilidad profesional, sino también la ciudadana que nos hace preguntarnos si lo que hacemos es bueno para nuestra comunidad, para nuestra nación.

Extraído de Ryzsard Kapuscinski, Los cinco sentidos del periodista, Fondo de Cultura Económica, 2003.

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