vade retro tolerancia cero


ya comienza a resonar con toda fuerza, nuevamente, una vez más en bocas argentinas, el concepto de “tolerancia cero” como reacción espasmódica a la compleja problemática de la inseguridad urbana.
¿Qué es? ¿A qué se refiere? El creador del concepto de “tolerancia cero” es William Bratton ex jefe de la policía de Nueva York, que tuvo a su cargo la reforma de seguridad en la ciudad estadounidense gobernada por Rudolph Giuliani (1994-2001).

En palabras de Loïc Wacquant, Bratton “ha sido el arquitecto de las medidas policiales ultrarrepresivas que hicieron de su ciudad la nueva Jerusalén de la seguridad en el mundo entero”. Recomiendo leer para mayores detalles el texto “Mister Bratton comes to Buenos Aires…” de L.W., prefacio de su libro Las cárceles de la miseria (ed. Manantial, 2000). Allí sosotiene L.W.:

• América latina es hoy la tierra de evangelización de los apóstoles del “más Estado” policial y penal, como en las décadas del setenta y del ochenta, bajo las dictaduras de derecha, había sido el terreno predilecto de los partidarios y constructores del “menos Estado” social dirigidos por los economistas monetaristas de América del norte. Así, los Chicago Boys de Milton Friedman son sucedidos por los New York Boys de Rudolph Giuliani y el Manhattan Institute.

• William Bratton omite cuidadosamente señalar a sus interlocutores argentinos, brasileros, alemanes o sudafricanos, que la política de “limpieza de clase” (class-cleansing) del espacio público que él propicia como panacea universal a la inseguridad urbana, dista de tener amplia vigencia en los Estados Unidos, donde las ciudades comúnmente tenidas como modelos a emular se llaman… San Diego o Boston, 
pero de ningún modo Nueva York. En realidad, criminólogos juristas y jefes de policía coinciden en la idea de que el feudo de Rudolph Giuliani pagó un pesado tributo financiero y cívico por la baja de la criminalidad: elevación masiva del presupuesto y el número de efectivos de las fuerzas del orden, escalada de las denuncias por abuso y 
violencias policiales, crecimiento continuo de la cantidad de personas detenidas y encarceladas, desconfianza y temor crecientes de la población de los barrios pobres y notable deterioro de las relaciones entre la comunidad afroamericana (e hispanoparlante) y la policía, a punto tal que el reverendo Calvin Butts, que dirige la principal iglesia bautista de Harlem, corazón del Nueva York negro, osó tratar 
públicamente al alcalde Giuliani de “racista que está creando un Estado fascista”.

• El concepto de “tolerancia cero” es una designación errónea. No implica la rigurosa aplicación de todas las leyes, que sería imposible –por no decir intolerable–, sino más bien una imposición extremadamente discriminatoria contra determinados grupos de personas en ciertas zonas simbólicas. ¿Dónde está la “tolerancia cero” de los delitos administrativos, el fraude comercial, la contaminación ilegal y las infracciones contra la salud y la inseguridad? En 
realidad, sería más exacto describir las formas de actividad policial realizadas en nombre de la “tolerancia cero” como estrategias de “intolerancia selectiva”. (Adam Crawford, Crime prevention and Community Safety: Politics, Policies and Practices, Londres, 
Longman, 1998, pág. 155. )

Por eso digo: si hablamos de políticas de seguridad urbana nos estamos refiriendo al accionar del estado para dar respuesta a un derecho como es el de la seguridad ciudadana. De allí que sea importante, fundamental, definir qué entiende el estado por seguridad, por violencia, cuáles son los bienes a proteger, cuáles los derechos que garantizar, dónde está puesto el foco, cuáles las prioridades, cómo son asignados los recursos y desde qué lógica argumentativa son pensadas las políticas públicas de seguridad urbana. Si solo vamos a dejarnos seducir por un marketing trucho (pero no por eso menos peligroso) sobre la seguridad (que insisto es un derecho y no una mercancía) sin dudas estaríamos tomando el peor de los caminos.

Ojalá, como sociedad, podamos acordar como dice L.W. que “la mejor forma de hacer retroceder las prisiones es hacer progresar los derechos sociales y civiles”. Esto es tan importante como lo que ayer escuché decir a Eugenio Zaffaroni, miembro de la Corte Suprema de la Argentina: “el derecho penal no puede estar ajeno a la ética, y la exigencia debe estar puesta en el estado al ejercer la punición (…) Si el Derecho Penal pierde su fuerza ética, la fuerza ética del que condena, se transforma en solo fuerza”.

La tolerancia cero es una receta que retroalimenta la espiral de violencia que sin dudas nos aqueja; es una soga que, como sociedad, nos ponemos al cuello. Ojalá ocupe un lugar nulo dentro de nuestras políticas públicas. Ah! me olvidaba, Bratton tiene una agencia de seguridad privada llamada First Security y es autor de la siguiente frase: “La causa del delito es el mal comportamiento de los individuos y no la consecuencia de condiciones sociales”.  En el año 2000 estuvo en Buenos Aires asesorando a Nueva Dirigencia. Son varios los/as nostálgicos que lo extrañan (pero no lo nombran).

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4 pensamientos en “vade retro tolerancia cero

  1. elsi

    Que bueno poder leer lo que informa tu blog, respecto a la tolerancia cero aplicada en N.YorK
    Que importante es estar informado Y tu análisis certero y correcto al respecto.
    Si llegara a mucha gente esta información Ayudaría a que muchos ciudadanos cambiaran su postura
    y defendieran a conciencia las políticas justas y verdaderas para combatir la INSEGURIDAD!!
    Muchas Gracias Carol por los artículos de tu blog.NO AFLOJES EN TU PERSPICACIA!!!

  2. Naneshka

    Sólo quiero decir que me pareció un extraordinario resumen la frase: “Proponer hacernos daño entre nosotros no es una buena manera de dejar de hacernos daño entre nosotros”

  3. El Baron Lagourde

    Estoy totalmente de acuerdo con Bratton en que “La causa del delito es el mal comportamiento de los individuos y no la consecuencia de condiciones sociales”; en efecto, comportamientos como el de Bratton, y el los tontos que compran su modelo de “seguridad”, agravan el delito y la violencia, sin importar las condiciones sociales.
    Tolerancia Cero es leyes Blumberg, el muro de San Isidro, la UCEP, y un montón de mentiras ineficientes que mucha gente asustada -con o sin motivo- compra cuando no quiere pensar mas allá de si mismos.
    Creo, parafraseando a Bratton, que importa mas la identidad que las condiciones sociales; si los argentinos no fuesemos separatistas no pensaríamos en darnos palos mutuamente; hay un ideario “nosotros” y “ellos” que hace dificil a los argentinos pensar una solución que beneficie a todos a la vez. Por eso hay excesiva demanda de castigadores.
    Lo primero que tenemos que sentarnos a pensar, antes de comprar modelos de seguridad, es que somos argentinos todos: los buenos, los malos, los que parecen buenos y los que parecen malos; tenemos que tratar de mejorar el bienestar y la seguridad de todos.
    Tolerancia Cero no es algo bueno para todos; tampoco lo fue en NY. Hay muchas ciudades europeas, canadieses y japonesas que tienen muchísimo menos delito que NY y utilizan otros sistemas, incluso hasta casi contrarios entre si (En Canada está armado hasta Papa Noel, y en Japón te agarran con un arma y te fulminan).
    Proponer hacernos daño entre nosotros no es una buena manera de dejar de hacernos daño entre nosotros; cambiar de lugar de donde salen los tiros solo cambia quienes se mueren, pero no detiene la balacera. Se mueren argentinos.
    Lejos, muy lejos de Tolerancia Cero, propongo “Tolerancia 100”; busquemos una solución que sea tolerante y tolerable para todos.

  4. Naneshka

    Coincido con tu visión sobre el tema.
    El grupo social que solicita “tolerancia cero” es el mismo que asocia inseguridad al robo, porque lo sufre directamente, corporalmente, y no con los grandes fraudes económicos realizados por el Estado o por las empresas. Me parece fundamental que empecemos a responsabilizarnos como sociedad. El pedido de “tolerancia cero” es un reclamo por parte de un grupo social que se aleja, diferenciándose claramente, como si no fuera parte del proceso que provoca la inequidad, que a su vez provoca el robo.
    Es un grupo social que permite la continuidad de un sistema que no resuelve la desigualdad siempre y cuando no afecte su interés primordial: su economía.
    Y cuando su economía fue vapuleada, cuando la sintieron en el cuerpo porque les amputaron los ahorros, salieron a cacerolear (uniéndose esporádicamente a un reclamo de justicia social) al grito de tolerancia cero para los políticos, y “que se vayan todos”.
    Y ahora que la economía está un poco más estable, su intolerancia vuelve a ser hacia el mismo grupo social con el cual prendieron gomas en aquel diciembre de 2001.
    (Obviamente esto es una generalización, no todos, no en todos los casos. Además hay un grupo que apoya la tolerancia cero genuinamente: ¿acaso Patti no fue elegido democráticamente como representante de la sociedad?).

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