la ciudad no es la causa de la violencia


“…el tema de la relación ciudad y violencia es – probablemente – uno de los menos estudiados y conocidos; porque, en primer lugar, hay un problema metodológico que nace de una definición de violencia que se la comprende a partir de ciertos atributos y no de relaciones sociales”.

Partimos entonces, según lo citado del texto de Carrión*, de un problema de enfoque e interpretación que inevitablemente nos puede llevar a conclusiones apresuradas y/o erróneas a la hora de entender el fenómeno complejo de la violencia que es un producto de nuestras relaciones sociales. Es sobre esta base de información incorrecta e incompleta que, nos dice el autor, y podemos dar fe de ello quienes trabajamos en el ámbito de las políticas públicas, se diseñan y ejecutan políticas, que, lejos de mitigarla, muchas veces pueden llevar a alimentar la espiral de violencia en el ámbito urbano.

Es importante entonces aferrarnos a una de las afirmaciones más contundentes de Carrión: la ciudad no es la causa de la violencia, sí es el escenario donde ésta se desarrolla con una fuerza inusitada. En este contexto Carrión sitúa la violencia de género entendiendo que la ciudad es el ámbito donde las mujeres pudieron trascender el ámbito privado y aparecer en el ámbito público como sujetos de derecho. Reconocida esta condición, asoman de inmediato y en flagrante evidencia las asimetrías de poder entre los géneros.

Al mismo tiempo señalo una paradoja al respecto dado que los 2 impactos que, según Carrión, produce la violencia en la ciudad: reducción del tiempo y del espacio se constituyen en poderosos límites a la irrupción de las mujeres en el ámbito público, dado que obliga a una reclusión en la esfera privada. Se genera entonces un dinámica viciosa.

Por otra parte, la afirmación de Carrión de que la relación violencia y ciudad es uno de los temas “menos estudiados” está poniendo de relieve la deuda imperante hacia la cuestión de género que atraviesa esta problemática ¿o podemos concebir las ciudades sin las mujeres? Muchas veces pareciera que sí, dado que más allá de que puede ser cierto que en las ciudades (por contraposición al ámbito rural) la(s) mujer(es) está(n) más visibilizada(s), no creo que ésta pueda ser una afirmación universal y definitiva ya que las inequidades entre los géneros siguen a la orden del día en el ámbito urbano. Encuentro entonces que el análisis de Carrión es un poco limitado o simplista en ese sentido.

Si tomamos la definición de Sozzo indicando que “la violencia debe ser concebida como una relación social particular del conflicto social, una compleja construcción social y política que se cristaliza en un territorio y tiempo”, podremos concluir entonces que la violencia de género tiene raíces y causas muy profundas, tales como la sociedad patriarcal, y que para revertirla no es suficiente solo que las mujeres sean más visibles en el espacio (público). Justamente como no existe un determinismo unívoco de la violencia, el comienzo de soluciones para la violencia de género seguramente pase por darle un nuevo rango al criterio de otredad, siendo, en este caso las “mujeres-otras” las que deberíamos ser integradas e incluidas con total equidad de modo que podamos enfrentar y atenuar con mayores recursos los impactos de la violencia señalados por Carrión sobre: la ciudadanía, el tiempo, el espacio y la unidad urbana, y gozar así de una seguridad ciudadana genuina. No olvidemos un dato muy ilustrativo que apunta Carrión: ¡la violencia de género no fue considerada durante mucho tiempo como delito y en algunos lugares aún no lo es!

En síntesis a los dichos de Carrión:

– fin de la dicotomía privado-público, e irrupción y reconocimiento del derecho a la seguridad: de acuerdo.

– “la violencia no se define por el lugar donde ocurre si no por las asimetrías de poder que existen entre los sexos, ejercidas de manera ubicua en el territorio”: de acuerdo.

– “En las ciudades ha sido más factible cambiar los patrones inequitativos de género que en el campo, porque mientras en el campo están asentadas las tradiciones culturales que le asignan roles distintos y específicos a la mujer, en la ciudad se hace pública, se visibiliza y se la reconoce sus derechos”: considero que el reconocimiento de los derechos figura en general y muy claramente en las normas, comenzando por la constitucional (en el caso de la Argentina) pero goza de una ausencia notable en la práctica, lo cual refuerza la variable de violencia, urbana, en este caso.

* Fernando Carrión, Violencia urbana: un asunto de ciudad.

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