ley-medios-comunicación


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podría titular este post nuevamente “¿como queremos vivir?“. Es que la ley de servicios de comunicación audiovisual que está en pleno debate  hoy en el Congreso (y no me refiero a las apuradas audiencias públicas que aparecen como mero trámite formal mientras que las grandes decisiones se tejen/tejerán/¿tejieron ya? en otros despachos) definirá ni más ni menos gran parte de cómo viviremos en los próximos años. Es que la vida en democracia pasa 100% por los medios, y es por eso que quiero detenerme en los 2 sustantivos “servicios” y “comunicación”. Esto nos da la idea de que habrá un emisor a nuestro servicio (genial) para satisfacer nuestra “demanda” de información/espectáculo que, amigas y amigos, es un derecho constitucional. Ups.

En su promesa discursiva, en su propaganda, el gobierno promete mayor pluralidad, mayor participación, y rotura de monopolios (de los cuales se acuerda a 6 años de haber tomado el poder). ¡Una nueva era!

Siiii, clamamos todos los que queremos un cambio, los que queremos decir, pensar y sentir que vivimos en una democracia cuya ley de regulación de medios fue prohijada por ella y no impuesta por la dictadura. Somos LA mayoría coincidiendo en este punto. Este punto nos une, nos fortalece. Pero, enseguida sobrevienen muchos otros que nos preocupan y nos vuelven a dividir y a alejar del gobierno cuyas buenas intenciones son difíciles de creer cuando es tan obvio que alientan la inconstitucionalidad y solo buscan reforzar el archihipersuper-presidencialismo que supimos conseguir.

En mi recorrida encontré una muy buena explicación aquí, donde queda claro que los 21 puntos no pueden ser el catalizador de decenas de otros puntos que son, en rigor de verdad, contradictorios con este consenso inicial que tanto trabajo y esfuerzo llevó y que recorta el horizonte al que debemos aspirar.

Dice la Coalición por una Radiodifusión Democrática, autora de los 21 •:

Es indispensable una nueva Ley de Radiodifusión de la democracia que reemplace a la ley de la dictadura aún vigente. Si unos pocos controlan la información no es posible la democracia. La Ley de Radiodifusión debe garantizar el pluralismo informativo y cultural. Es inadmisible la exclusión de importantes sectores a la radio y la televisión.
Necesitamos medios públicos fuertes, al servicio de todos y no de los gobiernos de turno.
El derecho a la comunicaciónes un derecho humano fundamental.

Siiii, bravo, claro, lluvias y cataratas de si. Ahora leo aquí que: ¡estamos rozando la inconstitucionalidad en nombre de la buena intención de hacer nuestra democracia más democrática! Sostiene Gargarella: “Todas las leyes, pero especialmente aquellas que tocan los nervios más sensibles de la Constitución, requieren estar precedidas de una discusión amplia y plural, y no de una ficción de discusión. Todas las leyes, pero especialmente aquellas que pueden hacer más difícil la alternancia en el poder, requieren de una justificación pública extraordinaria, a riesgo de ser fatalmente sospechosas de inconstitucionalidad. (…) El Gobierno, sin embargo, bastardea cada uno de los criterios señalados: alega a su favor la discusión que antecedió al proyecto, cuando dicha discusión rechazó aspectos esenciales de lo que hoy él proclama; bloquea ilegalmente la discusión parlamentaria del proyecto, en Comisiones que legítimamente se lo reclaman; convoca a audiencias públicas sin aliento, ridiculizando la apertura de la que se jacta; publica aceleradamente sus decisiones en el Boletín Oficial, delatando -como ya lo hiciera con su reforma al Consejo de la Magistratura- su disposición a actuar discrecionalmente, sin prestar atención a los dichos de sus opositores. Convendría avisarle al Gobierno: las picardías de las que se ríe en secreto configuran faltan graves, que dañan la validez jurídica de lo que está haciendo. (…) No hay razones para aceptar atropellos”.

Finalmente ayuda al debate el aporte de la ADC que pueden leer aquí.

Yo, cruzo los dedos, lamento tanto las risas en secreto y espero que en el Congreso puedan estar atentos y lúcidos aquellos actores que aún puedan  (si resta margen de aquí a diciembre) aportar agua para un molino verdaderamente más democrático, constitución en mano y corazón y mente mirando el presente y el futuro, si es que realmente quieren torcer el rumbo de lo que ya hemos probado hasta el empacho.

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