violencia e inseguridad urbana, entrega 1


a las 3 primeras preguntas que nos han hecho en comienzo del curso virtual de Posgrado “Violencia e Inseguridad Urbana. Un enfoque de género”, organizado por CEUR-CONICET y UNIFEM respondí así:

1. ¿Desde nuestra experiencia e interpretación, es la identificación de múltiples factores que inciden en el incremento de las violencias urbanas, y su relación con la segregación, la exclusión y las desigualdades sociales o los argumentos que vinculan este fenómeno a la profundización de la pobreza en las ciudades latinoamericanas los que podrían servirnos para alcanzar explicaciones que nos sirvan para comprender esta realidad en la que vivimos?

En primer término creo que correlacionar pobreza con delincuencia y violencia es una simplificación absoluta de un fenómeno, que como bien lo describen Ana Falú y Briceño León es por demás complejo y está atravesado por entramados sociales, culturales e históricos absolutamente diversos. Es entonces una falsa premisa. En todo caso sí deberíamos poner en agenda, a la hora de analizar el fenómeno “pobreza” como fuente de violencia, las enormes brechas existentes entre las franjas más pobres y más ricas de las diferentes poblaciones en América Latina, muestra cabal de la concentración patrimonial. Allí entonces hablaríamos de redistribución de la riqueza como manera de atenuar fenómenos violentos que nacen de las escandalosas disparidades imperantes. Por otro lado, no debemos dejar de considerar como señala Falú, las discriminaciones y segregaciones vigentes por género, raza, identidad sexual, minorías étnicas, religiosas etc. motivo sí de multiplicidad de conflictos a la hora de ejercer los derechos ciudadanos. Estamos por ende ante un problema social que no es producto de la magnitud de un poder adquisitivo sino de múltiples otros factores históricos, psicológicos, culturales y así políticos. ¿Cómo no entender la impotencia y la violencia surgidas de las barreras que genera un sistema de vida que protege más los bienes que las personas? Asistimos entonces a la paradoja de un modelo que autogenera la violencia que dice querer erradicar. Comparto entonces con Marcela Lagarde que el enfoque debe ser multifactorial cuando se analiza la violencia urbana además de suscribir al paradigma feminista, filosófico y político que considera la violencia un hecho de dominación erradicable solo si se crean las condiciones para la igualdad y la equidad.

2. ¿Que tienen de nuevo las ciudades latinoamericanas, que las convierte en escenarios donde se incrementan las violencias en general y las violencias contra las mujeres en particular?


Medido en términos de homicidios, América latina como nos lo explican Falú y Briceño León, es la región más violenta del mundo, repito, ¡la más violenta del mundo! Esto se traduce en violencias en las ciudades y discriminaciones en el espacio público que me gustaría también definir como el espacio que compartimos, el que tenemos en común, el que entonces nos hace partícipes del disfrute pero también responsables de lo que allí ocurre. Y allí ocurren cosas terribles como agresiones, violaciones, acosos sexuales, cuerpos maltratados, violencias no tipificadas ni debidamente sancionadas. Falú habla de nuevas violencias y de retirada del estado en los ’90. Entiendo que el fenómeno del neoliberalismo en América latina ha sido en sí mismo violento por la velocidad de su expansión y los estragos causados en muchas estructuras estatales literalmente desmanteladas. No quiero dejar de recalcar que también deberíamos analizar la presencia cuanti y cualitativa previa de ese estado añorado. Comparto con Briceño León que el prisma explicativo del neoliberalismo no debería constituirse en epíteto sino invitarnos a una discusión mucho más abarcativa, comparativa y compleja. Lo nuevo entonces son formas de múltiples violencias urbanas atravesada por el género; es el reclamo por la seguridad que merece por cierto una definición; la clara frontera entre ámbito público y privado a la hora de fijar el tipo de violencia; la estigmatización de la pobreza, de la juventud; las fragmentaciones territoriales; la privatización de la seguridad; la incidencia y la injerencia de los medios de comunicación como voceros y promotores de un discurso simple y voyeurista.
En la ciudad de Buenos Aires gobierna la derecha desde diciembre de 2007, con un discurso oportunista de que “hay que recuperar el espacio público”. Como muestra de ello ha inundado la ciudad con una campaña que reza: “permitido pisar el césped” en alusión a la pseudo recuperación de las plazas públicas que han sido en principio embellecidas pero enrejadas. El mensaje es muy fuerte y perverso, entiendo yo. Es el de un gobierno que nos dice, le permito usar algo como si fuera suyo cuando en realidad ¡es nuestro! Bueno, estas cosas “nuevas” con mucho olor a viejo también pasan en ciudades de América latina. En otra oportunidad les contaré sobre la fuerza de choque (UCEP) creada por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires para reprimir a la gente en situación de calle.

3. Puede considerarse que la percepción y actuación de las mujeres frente a las violencias urbanas, ¿es una limitante para el ejercicio de sus libertades y su disfrute al derecho a las ciudades, o es un factor protector y un comportamiento que sería recomendable fomentar?

¡No! No creo que la autorestricción de los derechos, y la falta de acceso al espacio público sean comportamientos recomendables. En todo caso considero que el pacto social, la institucionalidad que nos rija, las formas de hacer política que tengamos deben habilitar el derechos a las ciudades para todos y todas. De alguna forma se trata de encontrar un justo medio entre el comportamiento “agresivo” de “conquista” del espacio exterior, de salir a pelear, propios del hecho de Ser Hombre y el comportamiento inhibidor, que evita el conflicto atribuido al hecho de Ser Mujer. En ambos casos son mecanismos de defensa, ambos sexos se están defendiendo de algo. Las soluciones a futuro, pasarán por tener precisamente claro de qué y para qué y cómo compensar estas vivencias agresivas. Aquí si creo de manera firme que se trata de articular una convivencia entre colectivos que se sienten y son amenazados por distintos contextos. Es vital protegerse pero es asfixiante desarrollar una subjetividad desde una percepción permanente del temor lo cual es la realidad de la gran mayoría de las mujeres en las ciudades fomentando así la negación misma del derecho a la libertad y una absoluta desigualdad en el ejercicio de un ciudadanía plena.

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