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Archivo para la Categoría "seguridad/inseguridad"

La vida de las preguntas / Sumate a RSD!

Aquí estamos proponiéndoles ser parte de la Red de Seguridad Democrática, RSD, un lugar virtual pero bien real en el que queremos cuestionar y reformular las premisas, barajarlas, darlas de nuevo, para pensar juntos/as, consensuar, redefinir y decidir la seguridad desde otro paradigma y ajustada al respeto de los derechos humanos que, recordémoslo, son universales.

La “seguridad” resuena desde siempre en nuestros oídos, cuerpos, corazones y mentes. La seguridad es inherente a nuestra humana condición, es una palabra, es un concepto, es una construcción que resurge a diario, como reclamo, como anhelo, como chicana, como pedido, como déficit, como clamor, como carne de buitres mediáticos, como crisis, como desunión, como disgregación, como alarma, como miedo, como necesidad, como derecho, como desesperación, como simplificación de una cuestión que de simple no tiene nada porque es resultado, no comienzo. Si realmente queremos vivir en un ambiente seguro es necesario que vayamos dando pasos trascendentes, radicalmente diferentes de los que ya hemos intentado si no seguiremos mordiéndonos la cola, lamentando muertes, gastando miles de millones y fomentando vulneraciones de derechos. Así, como vamos hasta ahora, de esta manera, somos cómplices.

El PNUD (Programa de las Naciones para el Desarrollo) define la seguridad ciudadana como “la condición personal, objetiva y subjetiva, de encontrarse libre de violencia o amenaza de violencia o despojo intencional por parte de otros.” ¿Cómo logramos ese estado ideal individual en el seno de una articulación social? ¿Qué es la violencia? ¿Cómo se desarrolla, anida y estalla en los diferentes grupos sociales y en las personas que los conforman? ¿Cómo impacta en cada uno de nosotros que a su vez podemos ser sus vectores latentes? ¿Cómo se combate el delito? ¿Por qué no se combate el delito en todos los casos? ¿Cómo concebimos las penas de aquellos que infringen la ley? ¿Cómo es que toleramos cárceles que devienen infiernos? ¿Cómo y por qué hemos trocado el concepto de seguridad, como derecho, por el de una mercancía, tarifada, tabulada y con escaso, a menudo nulo, control estatal, a la que solo accede quien puede pagarla? En la medida en que no comprendamos que, cuanto más muros se construyan menos seguridad tendremos, solo estaremos moldeando un laberinto áspero, oscuro, decadente; una ciénaga.

El medio, esta red social, que hemos elegido tiene un potencial enorme cuyo carácter ilimitado nos entusiasma y nos desafía. Es un medio que se constituye en herramienta frente al miedo. Queremos darle vida junto con todos y todas aquellos/as que vayan arrimándose a RSD. Muchas cosas nos permite la tecnología, acortar distancias, ganar tiempo, pero sobre todo difundir y construir información, crear vínculos, intercambiar, compartir, reflexionar juntos/as para luego decidir y acordar las definiciones, comprender las necesidades y elaborar las políticas. Pero no queremos quedarnos detrás de las computadoras. Ellas nos servirán para publicar datos, ideas, estadísticas, experiencias, legislaciones, debates, transmitir conferencias, crear grupos, foros, reflexionar, discutir con responsabilidad y respeto, sin agresiones y así poder asomarnos a soluciones de políticas públicas y comunitarias que nos conduzcan hacia orillas más claras, más calmas, más humanas y por ende verdaderamente seguras. Queremos hacerlo en el terreno virtual y consolidarlo en la realidad. Es nuestro anhelo. Es nuestra convocatoria.

¡Sumate!

Carol Abousleiman

Nota: por el momento, los cupos son restringidos, si te interesa formar parte de RSD, enviáme un email a carol@redsd.com.ar solicitando ser invitado/a.

“Las preguntas aún no se han planteado porque hacerlo requiere palabras y conceptos que resuenen con la verdad y los que se utilizan actualmente han quedado vacíos (…) Con nuevos conceptos pronto se propondrán las preguntas, porque la historia entraña precisamente un proceso de cuestionamiento.” John Berger
“Nos gustan las respuestas sencillas. En vez de pensar sobre la estructura del sistema, nos refugiamos en cuestiones morales”. Slavoj Žižek


Madeja de luz. Objeto lumínico gigante de Gabriela Antenzon.

vade retro tolerancia cero

ya comienza a resonar con toda fuerza, nuevamente, una vez más en bocas argentinas, el concepto de “tolerancia cero” como reacción espasmódica a la compleja problemática de la inseguridad urbana.
¿Qué es? ¿A qué se refiere? El creador del concepto de “tolerancia cero” es William Bratton ex jefe de la policía de Nueva York, que tuvo a su cargo la reforma de seguridad en la ciudad estadounidense gobernada por Rudolph Giuliani (1994-2001).

En palabras de Loïc Wacquant, Bratton “ha sido el arquitecto de las medidas policiales ultrarrepresivas que hicieron de su ciudad la nueva Jerusalén de la seguridad en el mundo entero”. Recomiendo leer para mayores detalles el texto “Mister Bratton comes to Buenos Aires…” de L.W., prefacio de su libro Las cárceles de la miseria (ed. Manantial, 2000). Allí sosotiene L.W.:

• América latina es hoy la tierra de evangelización de los apóstoles del “más Estado” policial y penal, como en las décadas del setenta y del ochenta, bajo las dictaduras de derecha, había sido el terreno predilecto de los partidarios y constructores del “menos Estado” social dirigidos por los economistas monetaristas de América del norte. Así, los Chicago Boys de Milton Friedman son sucedidos por los New York Boys de Rudolph Giuliani y el Manhattan Institute.

• William Bratton omite cuidadosamente señalar a sus interlocutores argentinos, brasileros, alemanes o sudafricanos, que la política de “limpieza de clase” (class-cleansing) del espacio público que él propicia como panacea universal a la inseguridad urbana, dista de tener amplia vigencia en los Estados Unidos, donde las ciudades comúnmente tenidas como modelos a emular se llaman… San Diego o Boston, 
pero de ningún modo Nueva York. En realidad, criminólogos juristas y jefes de policía coinciden en la idea de que el feudo de Rudolph Giuliani pagó un pesado tributo financiero y cívico por la baja de la criminalidad: elevación masiva del presupuesto y el número de efectivos de las fuerzas del orden, escalada de las denuncias por abuso y 
violencias policiales, crecimiento continuo de la cantidad de personas detenidas y encarceladas, desconfianza y temor crecientes de la población de los barrios pobres y notable deterioro de las relaciones entre la comunidad afroamericana (e hispanoparlante) y la policía, a punto tal que el reverendo Calvin Butts, que dirige la principal iglesia bautista de Harlem, corazón del Nueva York negro, osó tratar 
públicamente al alcalde Giuliani de “racista que está creando un Estado fascista”.

• El concepto de “tolerancia cero” es una designación errónea. No implica la rigurosa aplicación de todas las leyes, que sería imposible –por no decir intolerable–, sino más bien una imposición extremadamente discriminatoria contra determinados grupos de personas en ciertas zonas simbólicas. ¿Dónde está la “tolerancia cero” de los delitos administrativos, el fraude comercial, la contaminación ilegal y las infracciones contra la salud y la inseguridad? En 
realidad, sería más exacto describir las formas de actividad policial realizadas en nombre de la “tolerancia cero” como estrategias de “intolerancia selectiva”. (Adam Crawford, Crime prevention and Community Safety: Politics, Policies and Practices, Londres, 
Longman, 1998, pág. 155. )

Por eso digo: si hablamos de políticas de seguridad urbana nos estamos refiriendo al accionar del estado para dar respuesta a un derecho como es el de la seguridad ciudadana. De allí que sea importante, fundamental, definir qué entiende el estado por seguridad, por violencia, cuáles son los bienes a proteger, cuáles los derechos que garantizar, dónde está puesto el foco, cuáles las prioridades, cómo son asignados los recursos y desde qué lógica argumentativa son pensadas las políticas públicas de seguridad urbana. Si solo vamos a dejarnos seducir por un marketing trucho (pero no por eso menos peligroso) sobre la seguridad (que insisto es un derecho y no una mercancía) sin dudas estaríamos tomando el peor de los caminos.

Ojalá, como sociedad, podamos acordar como dice L.W. que “la mejor forma de hacer retroceder las prisiones es hacer progresar los derechos sociales y civiles”. Esto es tan importante como lo que ayer escuché decir a Eugenio Zaffaroni, miembro de la Corte Suprema de la Argentina: “el derecho penal no puede estar ajeno a la ética, y la exigencia debe estar puesta en el estado al ejercer la punición (…) Si el Derecho Penal pierde su fuerza ética, la fuerza ética del que condena, se transforma en solo fuerza”.

La tolerancia cero es una receta que retroalimenta la espiral de violencia que sin dudas nos aqueja; es una soga que, como sociedad, nos ponemos al cuello. Ojalá ocupe un lugar nulo dentro de nuestras políticas públicas. Ah! me olvidaba, Bratton tiene una agencia de seguridad privada llamada First Security y es autor de la siguiente frase: “La causa del delito es el mal comportamiento de los individuos y no la consecuencia de condiciones sociales”.  En el año 2000 estuvo en Buenos Aires asesorando a Nueva Dirigencia. Son varios los/as nostálgicos que lo extrañan (pero no lo nombran).

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la seguridad está huérfana de una política de estado

lo leí hace un tiempo atrás, quedó en el tintero, dando vueltas en mi cabeza; no registro cuánta difusión mediática ha tenido el tema. No me sorprendería que poca, poca, poca. Es que los medios son parte del mismo entramado social que cierra los ojos, los oídos y los corazones frente a las atrocidades que genera nuestro sistema punitivo y carcelario. Aquí pueden leer parte del diagnóstico hecho a raíz del informe anual del Comité Contra la Tortura de la Comisión Provincial por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires. Dice:

“Hay en la provincia un total de 30.132 detenidos, 26.092 en cárceles y 4.040 en comisarías. Si se cotejan los detenidos actuales con los detenidos al iniciarse esta gestión, se advierte un crecimiento de 3.145 personas. “La existencia de más de 4000 personas en dependencias policiales -lugares que no están preparados para alojar detenidos- es la manifestación más cruda del hacinamiento y la sobreocupación del sistema en su conjunto. Las dependencias de Quilmes presentaban niveles de sobrepoblación del 113% a febrero de 2009, ya que alojaban 290 personas en lugares que sólo admitían 138.  Las comisarías de Lomas de Zamora llegaban, en algunos casos, hasta un 300 % de sobrepoblación”.

En otro tramo señala:

“la ineficacia reiterada en la persecución de las redes delictivas así como el clasismo que expresan las prácticas policiales y judiciales, que ponen su ojo especialmente en niños, jóvenes y mujeres pobres y marginados. Se criminaliza a los más empobrecidos, pero no son visibilizados ni penalizados con igual énfasis los grupos o redes cómplices o responsables del delito complejo: trata de personas, desarmaderos, narcotráfico”

“No hay producción de información certera acerca del delito”.

El viernes pasado escuché a Fabián Ferraro exponer su experiencia como fundador de la “Red de Fútbol Callejero” en Moreno. Dijo F.F.: “es imposible que tengamos un país diferente con este conurbano”. Todo lo sabemos, todos asentimos, todos lo percibimos, pero no nos hacemos cargo. El conurbano es el bocado perseguido por todos los políticos para “ganar las elecciones” y ya. Punto aparte. Fue el caso de De Narvaez, que ha hecho del marketing securitario una bandera. Pues señores, señoras, estaríamos frente a un monumental fiasco, según consigna la nota de tapa de P/12 aquí.

La seguridad es un derecho de todos y todas. No es una mercancía, es un derecho. Es por ende una construcción. Hay muchos puentes dinamitados, mucha crueldad corriendo debajo de lo que queda de ellos y poca, escasa, nula voluntad política real de ocuparse en serio. Parafraseando a Ferraro, “es imposible tener otro país si no nos ocupamos con un enfoque de derechos humanos, ergo, de manera seria, muy seria, no solo con el Código Penal, de este tan complejo tema que es, claramente, una demanda absolutamente legítima de todos los ciudadanos y las ciudadanas que habitamos el suelo argentino.

la ciudad no es la causa de la violencia

“…el tema de la relación ciudad y violencia es – probablemente – uno de los menos estudiados y conocidos; porque, en primer lugar, hay un problema metodológico que nace de una definición de violencia que se la comprende a partir de ciertos atributos y no de relaciones sociales”.

Partimos entonces, según lo citado del texto de Carrión*, de un problema de enfoque e interpretación que inevitablemente nos puede llevar a conclusiones apresuradas y/o erróneas a la hora de entender el fenómeno complejo de la violencia que es un producto de nuestras relaciones sociales. Es sobre esta base de información incorrecta e incompleta que, nos dice el autor, y podemos dar fe de ello quienes trabajamos en el ámbito de las políticas públicas, se diseñan y ejecutan políticas, que, lejos de mitigarla, muchas veces pueden llevar a alimentar la espiral de violencia en el ámbito urbano.

Es importante entonces aferrarnos a una de las afirmaciones más contundentes de Carrión: la ciudad no es la causa de la violencia, sí es el escenario donde ésta se desarrolla con una fuerza inusitada. En este contexto Carrión sitúa la violencia de género entendiendo que la ciudad es el ámbito donde las mujeres pudieron trascender el ámbito privado y aparecer en el ámbito público como sujetos de derecho. Reconocida esta condición, asoman de inmediato y en flagrante evidencia las asimetrías de poder entre los géneros.

Al mismo tiempo señalo una paradoja al respecto dado que los 2 impactos que, según Carrión, produce la violencia en la ciudad: reducción del tiempo y del espacio se constituyen en poderosos límites a la irrupción de las mujeres en el ámbito público, dado que obliga a una reclusión en la esfera privada. Se genera entonces un dinámica viciosa.

Por otra parte, la afirmación de Carrión de que la relación violencia y ciudad es uno de los temas “menos estudiados” está poniendo de relieve la deuda imperante hacia la cuestión de género que atraviesa esta problemática ¿o podemos concebir las ciudades sin las mujeres? Muchas veces pareciera que sí, dado que más allá de que puede ser cierto que en las ciudades (por contraposición al ámbito rural) la(s) mujer(es) está(n) más visibilizada(s), no creo que ésta pueda ser una afirmación universal y definitiva ya que las inequidades entre los géneros siguen a la orden del día en el ámbito urbano. Encuentro entonces que el análisis de Carrión es un poco limitado o simplista en ese sentido.

Si tomamos la definición de Sozzo indicando que “la violencia debe ser concebida como una relación social particular del conflicto social, una compleja construcción social y política que se cristaliza en un territorio y tiempo”, podremos concluir entonces que la violencia de género tiene raíces y causas muy profundas, tales como la sociedad patriarcal, y que para revertirla no es suficiente solo que las mujeres sean más visibles en el espacio (público). Justamente como no existe un determinismo unívoco de la violencia, el comienzo de soluciones para la violencia de género seguramente pase por darle un nuevo rango al criterio de otredad, siendo, en este caso las “mujeres-otras” las que deberíamos ser integradas e incluidas con total equidad de modo que podamos enfrentar y atenuar con mayores recursos los impactos de la violencia señalados por Carrión sobre: la ciudadanía, el tiempo, el espacio y la unidad urbana, y gozar así de una seguridad ciudadana genuina. No olvidemos un dato muy ilustrativo que apunta Carrión: ¡la violencia de género no fue considerada durante mucho tiempo como delito y en algunos lugares aún no lo es!

En síntesis a los dichos de Carrión:

- fin de la dicotomía privado-público, e irrupción y reconocimiento del derecho a la seguridad: de acuerdo.

- “la violencia no se define por el lugar donde ocurre si no por las asimetrías de poder que existen entre los sexos, ejercidas de manera ubicua en el territorio”: de acuerdo.

- “En las ciudades ha sido más factible cambiar los patrones inequitativos de género que en el campo, porque mientras en el campo están asentadas las tradiciones culturales que le asignan roles distintos y específicos a la mujer, en la ciudad se hace pública, se visibiliza y se la reconoce sus derechos”: considero que el reconocimiento de los derechos figura en general y muy claramente en las normas, comenzando por la constitucional (en el caso de la Argentina) pero goza de una ausencia notable en la práctica, lo cual refuerza la variable de violencia, urbana, en este caso.

* Fernando Carrión, Violencia urbana: un asunto de ciudad.

más razones para estar inseguros x binder

14 diciembre 2009 1 Comentario

La sensación de inseguridad no depende tanto del nivel de la criminalidad como de la demostración de la seriedad política, consistencia técnica, energía real y eficacia evaluada de la respuesta estatal. La sociedad puede comprender que la criminalidad es un problema con el que tendremos que lidiar de un modo permanente y difícil. Lo que no termina de entender es la permanente especulación política, el encubrimiento de negocios que todos conocen, la falta de capacidad técnica para desarrollar nuevas y complejas herramientas y la prepotencia de quienes creen que pueden engañar a los ciudadanos con una retórica demagógica de mano dura que sólo esconde improvisación, desidia y complicidad. (Alberto Binder hoy en Clarín, nota completa aquí)

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posse: si asume ¡renuncie!, pero mejor ¡no asuma!

11 diciembre 2009 3 comentarios

Desde este blog, reivindicamos la igualdad de oportunidades, el acceso a la información, la comunicación, el  derecho a decir que no, la democracia, el enfoque de género como necesaria actitud de vida ante una sociedad patriarcal absolutamente cruel en la desigualdad que presupone y luego impone, la educación como herramienta de emancipación, la libertad de pensamiento, la ética, la República, la transparencia en los actos de gobierno, las manos en la masa para cambiar el statu quo, por eso ¡Sr. (futuro) ministro ¡renuncie ya! si es que hoy asume, y si no directamente háganos el gran favor de no asumir!

Mauricio, Horacio, ¿éstos eran los equipos? Qué pena, la verdad es que son solo gente que abona a la enorme cuenta de inseguridad ciudadana que nos rodea. Más abajo: algunos de los tantos motivos.

- En la Cancillería se lo reconoce como misógino desde que solicitó un
secretario administrativo “que no fuera mujer, por sus obvias limitaciones”

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-136696-2009-12-09.html

- “Tuvimos mucha violencia política, pero ahora tenemos violencia privada: la tiranía de los matones de barrio, de los piqueteros que no dejan circular, de los grupos que cortan la ruta.”

- “Estamos al borde de la anarquía. Yo plantearía un pacto de amnistía para la convivencia, porque la ruptura ideológica nos frena, nos devuelve al pasado.”

Posse pidió reprimir

¡Ups! ¡qué miedito!

“Cuando las víctimas son mujeres nadie se alarma”

Por Mariana Carbajal

En el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, la abogada rosarina advierte que la violencia machista es “un problema de seguridad y una violación de los derechos humanos”.

“Si las 204 víctimas de femicidios registradas en los primeros diez meses del año en la Argentina fueran personas perseguidas por su color de piel o por profesar la religión judía, estaríamos hablando de un genocidio, pero como son simplemente mujeres, nadie se alarma”, cuestionó Susana Chiarotti, la abogada rosarina que integra el comité de expertas de la Organización de Estados Americanos (OEA) que se encarga de evaluar a los países del continente en el cumplimiento de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, suscripta en Belém do Pará. En una entrevista con este diario, Chiarotti consideró que “se debe entender que la violencia contra las mujeres es un problema de seguridad y una violación de los derechos humanos”. La especialista destacó avances que se han realizado en el país en el último año, como la sanción de una ley integral, pero reclamó la urgente implementación de un Plan Nacional de Acción para enfrentar la violencia machista y la inclusión en el Presupuesto 2010, en discusión en el Congreso, de partidas específicas para ponerlo en marcha.

Además, evaluó el impacto regional que tendrá la flamante condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a México por los femicidios en Ciudad Juárez. Chiarotti es reconocida internacionalmente por su larga militancia en la defensa de los derechos de las mujeres. Feminista, es fundadora y directora del Instituto de Género, Derecho y Desarrollo de Rosario (Insgenar), y responsable de Monitoreo del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem), organización que patrocinó a una de las madres de las tres víctimas de femicidio –dos de ellas adolescentes– que llevaron a México ante la CIDH.

“Se empezó a cumplir con una de las asignaturas pendientes que tenía el país: delinear un marco jurídico para enfrentar la violencia contra las mujeres. Tenemos una ley desde abril y está en proceso de reglamentación”, se apresura a destacar Chiarotti a la hora de hacer un balance sobre las medidas que el Comité de Expertas de la OEA le viene reclamando a la Argentina para cumplir con la Convención de Belém do Pará. Chiarotti hizo alusión a la ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, que consagra el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia, y define los lineamientos generales de un plan de acción que involucra a los tres poderes del Estado y que deberá aplicarse en todo el país, en cada provincia y en cada municipio (ver aparte).

–La ley contempla la violencia contra la libertad reproductiva. ¿En qué casos se la violaría?

–Se podría aplicar esa figura si un médico se opone arbitrariamente a una ligadura de trompas o le niega a una adolescente consejería en salud sexual y reproductiva por cuestiones de edad.

–¿Y si en un hospital se obstruye el acceso a un aborto no punible?

–También. La reglamentación tiene que dar pautas claras tanto a los profesionales de la salud como a los medios de comunicación sobre cómo se instrumenta la violencia mediática, que es otra modalidad contemplada en la norma. Pero más allá de la reglamentación, todavía nos falta un Plan Nacional de Acción contra la violencia hacia las mujeres, federal y coordinado en todo el país, como establece la norma.

–En el Consejo Nacional de la Mujer aseguran que lo están elaborando.

–El proyecto de ley del Presupuesto 2010 que se está discutiendo en el Congreso no contempla ninguna partida específica. Eso es muy preocupante.

–En el Consejo sostienen que ya cuentan con un millón y medio de dólares para empezar a implementar la ley.

–Las mujeres en Argentina somos más de 20 millones. Entre enero y octubre de este año se cometieron 204 femicidios, de acuerdo con un relevamiento de los casos publicados en diarios de todo el país (N. de R.: publicado en la edición del lunes último de Página/12). Imaginemos si fueran personas perseguidas por el color de la piel o por ser judíos: sería un genocidio. Pero como son simplemente mujeres, nadie se alarma. Para encarar una política de prevención de la violencia contra las mujeres en serio, que incluya campañas en los medios de comunicación e intervenciones en la cultura, para llevar adelante la sanción y la erradicación de este flagelo, se necesita más que un millón y medio de dólares. Se debe entender que la violencia contra las mujeres es un problema de seguridad y una violación de los derechos humanos.

–¿Considera que debe incorporarse al Código Penal la figura del femicidio, como ya tienen otras legislaciones en Latinoamérica?

–No soy partidaria de una figura específica. No creo que todo fenómeno social que tiene que ser visibilizado requiera de una figura jurídica específica, porque después sucede que los requisitos para que se configure son tantos que es de muy difícil aplicación y los femicidios terminan quedando impunes.

–¿Qué impacto tendrá en Latinoamérica la condena por los femicidios en Ciudad Juárez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que acaba de recibir México?

–Creo que va a marcar un antes y un después. Tenemos mucha expectativa. En la Argentina la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos es obligatoria, lo que va a significar que las cortes nacionales tengan que analizar las muertes de mujeres como crímenes de género.

–¿Qué importancia tienen los medios de comunicación en la lucha contra la violencia machista?

–Mucha. En primer lugar, los medios tienen que abstenerse de mostrarnos a las mujeres como objetos y deben desterrar el concepto de crimen pasional, porque están transmitiendo la idea de que el asesinato es fruto del amor, que la amaba tanto que la mató. El amor no mata. No deben mostrar a la víctima como promiscua, con un abordaje sensacionalista. Recuerdo el caso de Nora Dalmasso. Hay programas de televisión y canciones que nos hacen mucho daño al mostrarnos como objetos sexuales.

inseguridad(es)

27 noviembre 2009 4 comentarios

Se sabe: es común la asociación de “inseguridad” con “delito”. Y eso es indiscutible. Menos frecuente es admitir en el discurso público/político que “inseguridad” es también muertes por abortos mal hechos, inseguros, clandestinos, ilegales porque la resistencia por legalizarlos es enorme, dicen…

A veces las casualidades periodísticas nos permiten imágenes como la siguiente: una encuesta de hoy, ahora (¡voten!!!!), del diario Crítica de la Argentina sobre la legalización del aborto y una opinión del gobernador de la provincia de Buenos Aires en simultáneo…

Línea Aborto, más información, menos riesgos: 011-15-66647070 (se puede llamar o mandar SMS).

galeano: el imperio del consumo

14 noviembre 2009 2 comentarios

quelachu

foto: sandra abousleiman

El imperio del consumo
Por Eduardo Galeano

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble.

La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar.

La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En la fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica.

EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.

«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.

El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald’s, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.

El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald’s no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald’s dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald’s de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín.

Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald’s viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados de McDonald’s, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.

Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?

El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.

Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.

Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?

El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.

El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.

La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.

no nos privemos de la seguridad pública

10 noviembre 2009 2 comentarios

photoEn la ciudad de Buenos Aires, que en unas semanas contaría con una policía propia, vivimos a menudo situaciones críticas a la hora de pensar el devenir de las políticas públicas. Una de ellas, la semana pasada, cuando se generó un conflicto entre el Poder Ejecutivo local y el nacional debido a la falta de pago, por parte de la ciudad, a la Policía Federal. La deuda, según la fuente, oscila entre 34 y 40 millones de pesos (unos 10 millones de dólares estadounidenses) y corresponde a las horas extras dedicadas a la custodia de edificios públicos como terminales de tren, de autobuses, hospitales, centros de gestión y participación etc.

Es entendible la preocupación suscitada en la población a raíz de esta sensación de desprotección, de calles liberadas, generada por la posible ausencia de policías. En respuesta a esto, el jefe de gabinete del ejecutivo, Horacio Rodriguez Larreta declaró: “ningún objetivo quedará desprotegido” (…) “la gente tiene miedo, no quiere salir de noche, vivimos entre rejas (…) “hoy la Ciudad tiene 170 cámaras, a fin de año va a tener 300 y 500 el año que viene” para concluir diciendo que no nos preocupáramos ya que “la Policía sería reemplazada con seguridad privada”.

Cito esto porque me parece terrible la naturalización que se hace de este seudo efecto de sustitución perfecta. ¡Quiero decir enfáticamente que no es lo mismo la presencia de la policía pública o la seguridad privada!

Más allá de la discusión acerca de la institución policial argentina que nos llevaría hacia otras dimensiones, es imprescindible trazar la frontera entre lo que significa la custodia de la seguridad pública por parte de la Policía que debe funcionar en el marco de un estado de derecho y prevenir el delito y el interés que motiva a las empresas, bien digo, “empresas” (cuyo objetivo es maximizar su beneficio) de seguridad privada cuyo negocio es justamente la existencia del delito, su proliferación o la menos la instauración del miedo (real o imaginario) permanente para así atraer nuevo clientes (no cuenta aquí el criterio de ciudadanía).

Insisto entonces en lo nefasto del mensaje al dar a entender que las dos opciones: policía o seguridad privada son lo mismo.

La consecuencia directa es la disolución de la conciencia de que la seguridad ciudadana es un derecho que debe ser asegurado y custodiado por el estado y de ninguna manera un bien al que se accede, o no, según el poder adquisitivo. La seguridad ciudadana atraviesa muchas dimensiones y no se erige solo en función del cuidado de la propiedad privada, misión imperativa de las empresas de seguridad privada.

Lo lamentable y crítico es entonces la proliferación de este rubro que imagino más que rentable dado que se tiene a una gran porción de la población (la que puede pagar por el servicio) cautiva, en una espiral de construcción permanente de miedo, desde los medios de comunicación esencialmente, y desde una resignación del uso del espacio público para construir ciudadanía.
Señala Fernando Carrión*: “Hoy en América Latina la guardianía privada (más de 4 millones) tiene más del doble de efectivos policiales de los que tienen las policías públicas (más de 2 millones)”. Es evidente que este no es el camino pero es el que estamos andando. Entonces la consecuencia más dramática, a mi entender, es la naturalización, el acostumbramiento al hecho de que la seguridad privada sea la regla y no la excepción porque me parece que implica una cesión fenomenal de nuestros derechos y acentúa aún más la exclusion que ya es trágica y abismal.

*Violencia urbana: un asunto de ciudad.

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