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Archivo para la Categoría "palabra"

al pepe, mujica, gracias – CFK (sin palabras, que la Justicia lo diga)

ay, cuánto me alegré ayer al escuchar el discurso de asunción del nuevo presidente uruguayo. Fue una dicha luego del nubarrón oscuro, críptico, mentiroso compuesto en secuencia por, primero, bien temprano, el autoelogio macrista y luego, y con una cadencia que en un momento parecía interminable, el discurso balkanizador de CFK. Ni hablar de la maniobra que se mandó. Como dice Roberto Gargarella: “no es cuestión de tirarse de los pelos y decir “qué bárbaro.” Es cuestión de llevar adelante un juicio político, por violar la Constitución, engañar a la ciudadanía, desempeñar indebidamente sus propias funciones, y atentar contra la democracia…Las hormigas nos van comiendo las instituciones”. Y como dice Pepe: “No está fácil navegar. Las brújulas ya no están seguras de dónde quedan los puntos cardinales.”

Aquí el discurso del Pepe. Y van algunos destacados, conceptos fundamentales y democráticos que me encanta que alguien exhiba con tanta firmeza y suave música discursiva. Pepe, capo y ¡aguante!

• La Constitución es un marco, una guía, un contrato, un límite que encuadra a los gobiernos.

Ese es su propósito principal.

Pero es también un programa, que nos ordena cómo comportarnos, en cuestiones que tienen que ver con la esencia de la vida social

Por ejemplo, nos manda literalmente evitar que las cárceles sean instrumentos de mortificación.

O nos dice NO reconocer ninguna diferencia de raza, género o color.

¡Cuánta deuda tenemos aún con la constitución!!

• Por si suena como un traba-lenguas, lo repito:

para mí, gobernar, empieza por crear las condiciones políticas para gobernar.

Y gobernar, para generar transformaciones hacia el largo plazo, es más que nada crear las condiciones para gobernar 30 años con políticas de estado.

• Nos parece que el diagnóstico de concertación y convergencia es más correcto que el de conflicto, y que sólo con el diagnóstico correcto, se puede encontrar el tratamiento correcto.

• Hace rato que todos aprendimos que las batallas por el todo o nada, son el mejor camino para que nada cambie y para que todo se estanque.

• Sería criminal no aprender de aquellos dolores y volver a una economía enjaulada y cerrada al mundo.

• Esto es así, para el afecto entre la gente y para el afecto entre los países. Quererse de cerca, debería estar recomendado en las academias de diplomacia.

o’donnell (guillermo) x r. carpena

aquí la entrevista en LN, ¡recomendable!

• La Argentina es un caso clavado de lo que he llamado democracia delegativa. Con esto quiero decir que los presidentes, elegidos en comicios razonablemente limpios y competitivos, sienten que tienen el derecho y la obligación de decir, como a ellos les parece, sin interferencias, sin trabas, lo que les parece mejor para el país.

• La Argentina tiene una tremenda necesidad de reconstituir un Estado eficaz, razonablemente abierto a los ciudadanos. Este es un Estado que, por ejemplo, tiene organismos de control de concesiones, de obras privatizadas, que ni siquiera tienen constituidos sus directorios. Y donde los que lo manejan no son personas designadas por concurso sino designadas a dedo por el Poder Ejecutivo.

• Tenemos que hacer una campaña pidiendo: “Basta, por favor, tengamos relaciones medianamente civilizadas”.

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fopea investiga: los sub$idios (de la política)

mirá aquí: http://investigaciones.fopea.org/

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encontrar una nueva manera (entre todos y todas)

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Santiago Niño Becerra, catedrático de Estructura Económica en la facultad de Economía del IQS (Universidad Ramon Llull) nos explica hoy en Lo que está pasando (Reloaded), que “el hiperindividualismo que ha permeado todos los órdenes de la economía, de la sociedad y de la política en estos últimos 50 años tiene los días contados. Un individualismo no sólo en términos de persona, que también, sino de país, incluso de área económica”. Así estamos, así implosionamos y así es que tenemos que explorar otras fórmulas para encontrar nuevas salidas a la presente crisis de dimensiones infinitas. “El cambio que se avecina terminará con esa fase individualista de la historia, y traerá consigo la necesidad imperiosa de coordinar grupos, asociar colectivos, colaborar en proyectos comunes.”

Mirada atenta, percepción aguda y manos a la obra colectiva…

tb 2009

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embajada de alemania, julio de 2009, una de las imágenes que exhiben sobre la avenida luis maría campos entre gorostiaga y olleros, celebrando los 20 años de la caída del muro y los 60 de su República Federal… para nosotros, quizás lo más parecido a un tren bala que podamos ver :) . ¿para qué tantas promesas obscenas?

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imagen rota, rodeada de epítetos

sonríe, ¿como Angela M?

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vamos por los matices

El fin del presidencialismo
Roberto Gargarella (Doctor en Derecho, profesor de Derecho
Constitucional (UBA-UTDT))

Ninguna reforma política tiene mucho sentido si se instala en el vacío, y si no se acompaña de reformas en otras áreas, capaces de brindarle apoyo (por ejemplo, reformas destinadas a asegurar una fuerte igualdad económica). Dicho esto, agregaría inmediatamente que sí, que hay muchas reformas importantes, capaces de tener algún impacto positivo en nuestra vida pública. En primer lugar, y a riesgo de ser reiterativo, insistiría en la urgencia de poner fin al presidencialismo. Decir esto no significa afirmar que el sistema parlamentario representa la panacea. De ningún modo, y eso, entre otras razones, porque una afirmación tal implicaría asumir lo que no asumo, esto es, que los sistemas políticos imaginables son sólo dos: presidencialismo y parlamentarismo. Lo que me resulta claro, en todo caso, es que los sistemas alternativos son muchos, y el presidencialismo está entre los peores: él favorece la concentración –y así el abuso– del poder, se correlaciona con la inestabilidad política y además es una de las alternativas menos atractivas desde el modo en que pienso la democracia. La democracia es un sistema inclusivo y participativo que se asienta en la discusión pública, y no en la voluntad discrecional de alguno. En relación con dicho modo de pensar la democracia, por lo demás, propondría la creación de múltiples instrumentos destinados a favorecer el diálogo entre representantes y representados, porque en la actualidad nos han dejado uno solo, especialmente tosco: el voto, que además sólo podemos ejercer de modo espaciado, y que no nos permite más que decir sí o no a una opción política u otra, pero que nos impide marcar diferencias, señalar matices, sugerir reformas o reproches de tal o cual tipo e intensidad. Es decir, institucionalmente, y como sociedad, nos han dejado mudos, y es imprescindible que el sistema institucional sirva para recuperar y hacer audible nuestra palabra política.

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