de controles viales de drogas… no estamos hechos/as
Fanatizada por el mundial, me sumergí en Twitter y tengo abandonado mi blog. Pero esto sí que no lo quiero dejar pasar porque se viene el estreno a partir de julio. Se trata de un nuevo capítulo de la saga PRO que ahora lanza, para la temporada invernal, los controles viales de drogas en la Ciudad de Buenos Aires. Si fuera ficción, estaríamos en el género tragicómico, pero es realidad pura, de esa que solo la fuerza macrista es capaz de parir.
En Twitter, les recomendé fervientemente el informe hecho por la Unidad de Seguimiento de Políticas Públicas en Adicciones dirigida por Patricia Colace, en el seno del despacho de la diputada Diana Maffía. Alivia saber que hay gente atenta, que se preocupa, se arremanga, investiga y difunde. El documento se titula: “Sobre el control vial de drogas en muestras de saliva. Los controles viales de drogas en el mundo” y lo pueden bajar del blog de Diana. Está muy bien, contiene muchos datos y reflexiones que arrojan luz sobre un asunto que no está para nada dirimido científicamente, y que afecta de lleno nuestros derechos como ciudadanos y ciudadanas. Leánlo, allí verán en detalle por qué.
Poco más tengo que agregar. Solo que en nombre de la seguridad vial y estableciendo una caprichosa relación causal entre consumo de drogas y accidentes, el macrismo (esa fuerza política que confunde motoqueros con motochorros) pone una vez más el carro delante de los caballos queriendo dar la sensación de que están “haciendo”.
Sostiene el informe:
La implementación de controles sin tener datos fidedignos ha dado lugar a algunos
errores de cálculo y procedimiento, y ha sido una de las principales objeciones
sostenida por los países que se oponen a los controles viales de drogas. No poder
dimensionar correctamente la participación de las drogas en los siniestros pone en
duda la necesidad y utilidad de los controles. (…) En efecto, no hay estadística fiable en la Argentina respecto a los siniestros viales, y en cuanto a la participación de las sustancias psicoactivas en los accidentes, ninguna; ni siquiera hay datos ciertos con respecto al alcohol, cuya incidencia local es conocida por casi todos los países del mundo.
Entonces a mí se me ocurre humildemente decir: el ABC de una política pública es establecer prioridades para destinar los recursos presupuestarios a la solución de problemas tangibles y urgentes. Me vienen a la memoria rápidamente, el desmantelamiento de los hospitales, la nula acción gubernamental con respecto a la campañas de prevención de adicciones, la escasa y siempre amenazante campaña de educación vial, el rechazo del macrismo a la prohibición de publicitar medicamentos de venta libre (paradójico ¿no?) y siguen los recuerdos… Seguro que ustedes tienen más en sus arcas.
Como explica el informe, uno de los costos que pagamos entre todos para darle dinámica a esta nueva cruzada es “una licitación ganada por la firma Trust Med Group S. A., una empresa estadounidense fabricante del reactivo SalivaConfirm, que vendió a la Ciudad 8.756 unidades a $78 cada una, con un monto total de $682.968“. Y yo, silbando bajito, pienso, en la ecuación de la injusticia el derroche es un verdugo demasiado cruel.







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