¿Importa la política?
29/11/2006
“La política importa” es el título del libro editado este año por el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), con sede en Suecia, y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Pueden acceder a él a través del siguiente link: ir al libro
La publicación explora la problemática de la democracia y el desarrollo en América latina donde los indicadores de pobreza y desigualdad no han mejorado y en algunos casos han empeorado. En nuestro continente, 96 millones de personas viven en condiciones de extrema pobreza sobre un total de 222 millones de pobres (informe Cepal, junio de 2005).
La relación democracia-desarrollo sigue siendo motivo de debate académico ya que no hay un acuerdo acerca de si hay suficiente evidencia empírica sobre la existencia de una relación de causalidad entre ambos. Pero sí existe consenso sobre otras condiciones necesarias para el desarrollo, como una burocracia competente, independiente y basada en el mérito; o la seguridad y confianza jurídica y política.
Les dejamos un pasaje del primer capítulo donde los autores plantean la problemática del Estado, indispensable para el desarrollo y la importancia de la política en tanto gestión de lo público, esto es, lo que nos une y nos concierne a todos como comunidad:
En verdad, no se puede explicar la valoración social y política de las reformas económicas sin reparar en las expectativas de los ciudadanos que son consustanciales a la democracia. Con esta los ciudadanos esperan más de los gobiernos y, por tanto, del Estado; sin embargo, en algunos casos han recibido menos.
A partir de lo anterior cabe preguntarse: ¿por qué los resultados son tan magros?, ¿dónde está la falla central de estas más de dos décadas de reformas? Es necesario alejarse de explicaciones simplistas y reconocer que las causas son varias y que están entrelazadas. Entre ellas, hay una que debe destacarse desde la perspectiva de este trabajo: en una de las tantas migraciones radicales de paradigmas, que han caracterizado la historia de la región, se terminó dando la espalda al Estado, pretendiendo construir la democracia, el mercado o luchar contra la desigualdad y la pobreza minimizando su papel, o bien reduciendo el Estado a una colección de reglas abstractas o expulsando a la política de la gestión de lo público. Por fortuna, la reflexión sobre las experiencias exitosas está conduciendo a ver las cosas de otro modo. Ni la democracia, ni el mercado, ni la lucha contra la pobreza y la inequidad son posibles con Estados débiles y fiscalmente anémicos.
La recuperación del papel del Estado para el desarrollo y para la democracia es particularmente importante en América Latina porque, como se ha visto, su mal funcionamiento ha sido uno de los lastres de la historia contemporánea de muchos países de la región. El Estado ha podido ser grande en algunos países, pero casi nunca ha sido fuerte y menos autónomo, con capacidad de arbitrar entre intereses en conflicto.
Desde esta perspectiva, en un intento de recuperación de lo público y del papel del Estado, nadie apostaría por volver al viejo Estado, grande pero no fuerte y, peor aún, capturado por intereses particulares. Es aquí donde se observa la necesidad urgente de un salto de calidad en la política y en la institucionalidad de los países de la región. El Estado, puesto en segundo plano por las reformas, sigue presentando además grandes debilidades, tanto en su relación con los ciudadanos como en su vínculo con los mercados.





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